La epifanía del Presidente

Durante el centésimo primer día del estado de emergencia nacional y justo cuando su porcentaje de desaprobación frisaba el 70%, solo en Lima Metropolitana, el mandatario, recurrió nuevamente a la puesta en escena de su «sutil » drama de héroe cruzado, azote de los corruptos y ángel guardián de los oprimidos, invocando una  eventual aplicación del artículo 70 ° de la constitución vigente, que establece la inviolabilidad del derecho de propiedad, pero que también deja en claro, el uso de estas mismas en caso de necesidad pública y seguridad nacional, previa indemnización por los perjuicios.

Para el mandatario, la creación de discursos, la dramatización y su respectiva posproducción, han sido una práctica común que ha sabido utilizar estratégicamente y le ha permitido sortear los altibajos de su gestión. 

En medio de una crisis de credibilidad ocasionada, por un escándalo que lo involucra directamente en una cuestionable contratación de un sensacionalista personaje, y así como la disminución de sus índices de aprobación, por el fracaso del estado de emergencia que se evidencia en el galopante aumento de infectados por covid-19, justo en ese momento, lanza en vivo, como acostumbra a hacerlo, una calculada amenaza de expropiación que tendrá más repercusiones demagógicas que reales.

Es evidente que la grave situación en nuestro país urge celeridad, y que por tanto amerita, que no se desperdicie el tiempo en discusiones estériles y virtuales en el congreso y, luego en lerdos acuerdos para pagar indemnizaciones.  El proceso de expropiación implica lo anterior y, por ende, no es viable a corto plazo, y Vizcarra no es ingenuo, lo sabe muy bien.

Ha sido un acto desesperado y calculado; primero, para distraer a la opinión pública de los fracasos de la gestión ante la pandemia y segundo, para tener una baza de negociación con las clínicas privadas, sino porque no lo hizo antes, porque tuvo que esperar a que miles de familias quedaran endeudas, y que otros cientos de ciudadanos hayan muerto, a que se debe este cambio de actitud, ejemplarizada en su apelación tardía al concepto de bien común, en el mensaje de hoy, 24 de junio, cuando solo hace una semana, hacía uso de otro concepto « la de los derechos de la iniciativa privada» para observar la propuesta de la norma que permitía al Minsa usar la infraestructura de las clínicas privadas. ¿No será acaso que ya tenía previsto utilizar este asunto en el momento oportuno como un «as baja la manga»?

Dicen que es mejor tarde que nunca, pero la aparente muestra de fuerza de Vizcarra, que en realidad es una falsa bravata, para miles de peruanos, ya llegó demasiado tarde. El gobierno sabía que bastaba aplicar la Constitución y las respectivas normas del sector salud, como el Articulo 82 de “Ley General de Salud” para poder intervenir temporalmente las clínicas, amparándose en el mandato constitucional de ejercer el derecho de propiedad en armonía con el interés común.

En síntesis, como ya lo ha hecho antes, el mandatario espera liquidar varios pájaros de un solo tiro, ha creado la coartada perfecta para presentarse como el adalid de la justicia social, y en simultáneo; distraer a los peruanos de su incapacidad y del abochornante caso de Richard Cisneros. 

Como siempre ocurre en este tipo de situaciones, nos percatamos de la necesidad imperiosa de impulsar reformas a futuro. Las clínicas cederán ante la presión, el gobierno y las entidades privadas de salud llegarán a un acuerdo, es lo más probable, pero solo será una medida temporal en lo que atañe a la duración de la pandemia. Lo que realmente se necesita es transparentar el sector salud, tanto público como privado, y para tal fin, se requerirán normas establecidas y reales. Como ciudadanos tenemos derecho al acceso de información y ello engloba los precios de los servicios médicos y su debida sustentación. 

La salud es algo que vale más que cualquier cosa en el mundo, esperemos que luego de esta pandemia, los sucedáneos gobiernos lo tengan muy en cuenta, para que logren impulsar junto a la ciudadanía, el cambio.

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