La Fiebre de la Igualdad

Estimado lector ¿Cuál es su opinión sobre las cuotas y/o paridad de género? ¿Piensa que son universalmente buenas y/o justas, y que por tanto deberían ser directrices de aplicación general? Es usted de la idea que deberían implementarse cuotas de género en todos los sectores de la sociedad. Por ejemplo, estaría usted, de acuerdo, que en los exámenes de admisión a las universidades se reserve exclusivamente un porcentaje de vacantes para los postulantes de sexo femenino. Y de ser así ¿no se estaría eligiendo a los mejores prospectos, sino únicamente se llenarían espacios con personas que cumplan el requisito de ser hombre o mujer? Bueno, ahora extrapolemos estas interrogantes a un ámbito más complejo: la representación política.

Existen argumentos a favor y en contra de la efectividad e idoneidad de estos mecanismos igualitarios, revisemos aquellos que están en contra.

Hace unas semanas, en la Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso de la República, las abstenciones habían dejado en suspenso el predictamen que proponía adelantar la vigencia de la aplicación de la paridad y alternancia en las elecciones generales del 2021. Sin la aprobación de este dictamen, no se podía aplicar el 50% de paridad y alternancia de género entre hombres y mujeres en la Ley Orgánica de Elecciones para las elecciones generales del 2021. Hoy 16 de junio, finalmente fue aprobado.

Lo que se pretende con la aplicación de la paridad de género en la representación congresal es en última instancia que se eliminen las diferencias entre hombres y mujeres en cuestión de cargos políticos, por medio de lo que se conoce como cuotas de participación política. La finalidad a primera vista parece justa, que haya congresistas mujeres en igual número al de los varones, pero aquella igualdad cuantitativa en el Congreso y al fin y al cabo en otras instancias de representación, no se traducirá en una igualdad sustancial en lo que realmente es importante para la salud democrática y el funcionamiento de nuestro sistema de representación: los niveles de representatividad.

He aquí que nos encontramos ante una aparente paradoja: La representación política y la representatividad, no suelen ir de la mano. No existe nada seguro en política y sí mucho de imprevisibilidad, ya que la política está hecha por seres humanos, nuestra voluntad y comportamiento depende de diversos factores, por tanto, pensar que la actuación de un congresista, por el solo hecho de pertenecer a una categoría tan general como el sexo, influya de manera real en sus decisiones y actuación política no es solo pecar de ingenuidad, es más que todo un razonamiento falaz, y que no resiste mayor cuestionamiento.

La primera falacia consiste en circunscribir el asunto a solo la genitalidad, caer en el reduccionismo, para un tema que es primordialmente aptitudinal, en lo que atañe a la capacidad para el cargo, y preferencial, en tanto hay menos mujeres haciendo política porque prefieren dedicarse a otros rubros, lo cual es perfectamente válido al igual que en el caso de los millones de hombres que no les interesa participar en política.

La segunda falacia consiste en suponer que necesariamente una representante, por el hecho de ser mujer, en un cargo político va a representar exclusivamente a sus pares del mismo sexo, cuando en realidad tiene que representar a la ciudadanía de su circunscripción correspondiente, sin hacer distinciones de ninguna índole. Siendo así, la cuota de género sería un timo para las mujeres, y en general para todos, porque le atribuyen a la paridad un aumento de su representación, cuando incluso las mujeres dentro de la esfera política pueden realizar todo lo contrario.

Es imperativo interrogarse de qué forma se están introduciendo este mecanismo para conseguir la paridad numérica de sexos en los cargos de representación política, ya que podría desvirtuar la naturaleza de la democracia y hacernos cuestionar el sentido de lo que entendemos por igualdad.

No vaya a ocurrir que, en esta universal y frenética lucha por la igualdad, terminemos violando los derechos de participación en la vida política del país de ambos sexos. Pensemos en el caso hipotético, de que una persona pretenda participar como candidato de una determinada circunscripción, pero por cuestiones de la cuota, ese lugar le corresponde al género opuesto, ¿no se violan estos derechos constitucionales?

Fuentes:

La paridad de género, un derecho fundamental recuperado de http://cedhj.org.mx/revista%20DF%20Debate/articulos/revista_No2/ARTICULO-5-2.pdf

A FAVOR Y EN CONTRA SOBRE PARIDAD DE GÉNERO Y ALTERNANCIA EN LISTA CONGRESAL http://www2.congreso.gob.pe/Sicr/Prensa/heraldo.nsf/CNtitulares2/b97304d425c5c8e305258433007a7fb1/?OpenDocument

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